La explosión de las drogas medicinales
Mucho ha cambiado, por parte de la sociedad, la percepción
que hoy en día se tiene de las drogas. La cocaína y la heroína son considerados
estupefacientes con un enorme poder destructivo, y gran parte de los delitos
que se cometen a diario en todo el mundo, están relacionados de forma directa o
indirecta con el consumo o la venta de estas sustancias. Y aunque en los
últimos tiempos se ha relajado la imagen malévola que se tenía de la marihuana,
sigue existiendo la fuerte creencia que este es un puente hacía otras drogas
más duras y peligrosas.
Sin embargo, y viajando hacia atrás en el tiempo, la
situación era muy diferente de la actual y durante gran parte del siglo XIX
drogas como: la cocaína, el opio, el cannabis, la morfina, la heroína o el
éter, eran drogas de uso común y podían encontrarse con facilidad tanto en las
consultas de médicos respetables, farmacias, herboristerías, humildes colmados
de barrio, e incluso a través de los vendedores ambulantes que iban de pueblo
en pueblo vendiendo “felicidad” a precios de saldo.
. Láudano
Los grandes avances en la medicina, han permitido un salto
importante tanto en nuestra calidad como
en la esperanza de vida. Pero antiguamente las cosas eran completamente diferentes,
y las drogas, a pesar de los efectos adversos de la adicción, eran en muchos
casos la única opción que los médicos tenían para paliar las dolencias de sus
pacientes. Y así, cuando a mediados del siglo XVII, el láudano (opio mezclado
con alcohol) irrumpió en el mercado de los medicamentos, inmediatamente se
convirtió en el líder indiscutible del mercado farmacéutico durante los
siguientes 150 años. Y aunque los fabricantes se multiplicaron por doquier,
todos con enormes beneficios, no fueron los únicos beneficiados. Por todas
partes proliferaban los fabricantes que vendían sus productos (sin ningún tipo
de control), y en seguida se enzarzaron en una guerra comercial en la que empezaron a publicitarse en la
prensa de la época, que creció de forma exponencial gracias al patrocinio de
las grandes farmacéuticas. Así, por ejemplo, de los 20 periódicos de
publicación diaria que existían en Estados Unidos en el 1800, se pasó a los más
de 400 de 1860 sin contar los periódicos rurales y de provincias de menor
tirada.
. Cocaína
Las enormes ganancias por la venta del láudano impulsaron la
búsqueda de nuevas fuentes de negocio, y poco tiempo después un nuevo producto
procedente de un arbusto sudamericano irrumpió en el mercado como “lo
verdadero”, apodo inmediato de la cocaína.
Y si bien al principio fue
administrado por los médicos de la época como anestésico local, pronto la voraz
industria farmacéutica inundó el mercado con tónicos que trataban todo tipo de
males, y desde la anemia hasta un simple catarro, todo encontraba solución en
la cocaína. E incluso productos, mucho más inocuos por la baja concentración de
cocaína en su formulación, se convertían en éxitos de venta.
De esta época es
la coca-cola (¿De ahí el nombre?) y otras bebidas, como los vinos especiados
con cocaína. Uno de los más representativos y populares de estos vinos fue el
Vin Mariani, muy apreciado por algunas casas reales europeas (Gran Bretaña,
Rusia, Noruega, Suecia…) e incluso llegó
a recibir una medalla de oro de las manos del papa León XIII por considerar
este vino un “gran benefactor de la humanidad”.
“Camellos” ambulantes
Más allá de la publicidad en la prensa, los caminos
enseguida se llenaron de productores ávidos de vender sus productos. Cualquier
estrategia era buena con tal de aumentar las ventas, y surgieron los vendedores
ambulantes que abarcaban un amplio espectro, desde aquellos que vendían sus
mercancías a voz en grito desde un simple cajón de madera en cualquier esquina,
a aquellos otros que montaban un elaborado espectáculo que incluía magos,
comediantes, actores y animadores que montaban sus espectáculos y actuaban para
multitudes de hasta 8000 personas. Pero más allá de la grandilocuencia o medios
del espectáculo, todo se resumía en el mismo principio: convencer al público de
las maravillosas propiedades de sus tónicos. He aquí dos ejemplos de las
técnicas de venta a las que recurrían estos vendedores:
.Pasen y vean. Aquí la tienen. No importa lo
que sea, esta cajita les salvará la vida. Una sola dosis es la garantía
irrevocable de que se curaran todos sus males al instante. Prevención y
curación inmediata desde la primera toma de dolores de muelas, insomnio,
varices, paperas, tartamudeo, disfunciones nerviosas, impotencia, halitosis…
Todo, absolutamente todo encuentra remedio en nuestro increíble tónico. No dude
más y compre ya al asequible precio de tan solo…
¿Alguna mañana ha
notado que le resulta casi imposible levantarse de la cama? ¿Qué come bien y
duerme bien pero le cuesta levantarse? Bueno amigo, pues tal vez no lo sepa
pero este es el primer síntoma de tisis galopante. Entre este público que ríe,
en esta madre, en este padre, mujer o niño, en cada uno de vosotros, están las
semilla de la muerte. ¿Será cáncer? ¿Tisis? ¿O tal vez una espantosa enfermedad
desconocida? ¿Qué piensa hacer?...
Para aumentar la credibilidad de sus productos, muchos de
estos artistas se hacían pasar por médicos o tenían a uno que los acompañaba, y
aunque en la mayoría de los casos se trataba de personas que habían dejado de
ejercer por su adicción al alcohol o a los mismos productos que ayudaban a
promocionar, un puñado de empresarios se convirtieron en personas muy ricas e
influyentes.
El “cartel” Rockefeller
J.D Rockefeller está considerado como el hombre más acaudalado
de la historia mundial, y su patrimonio actual según cálculos de la revista Forbe,
su fortuna superaría en la actualidad la friolera de 600.000 millones de dólares,
y que está basada en la revolución que llevó a cabo en la industria petrolera, al
fundar la Standard Oil
Company y que en su momento llegó a contralar el 90% de la producción y distribución
del petróleo de Estados Unidos, además de influir en la economía y políticas de
numerosos países extranjeros. Así mismo, donó grandes cantidades de su fortuna
personal, convirtiéndose en uno de los mayores filántropos de la época, y
numerosas áreas de la educación, medicina y ciencia se vieron beneficiadas por la
ingente cantidad de dinero que fluía de los bolsillos de Rockefeller. De entre
sus muchas aportaciones cabe destacar la fundación de la universidad
Rockefeller de Nueva York, o la universidad de Chicago, una de las más
prestigiosas del mundo y cuna de 87
premios Nobel.
Y aunque fue con el petróleo como se consolidó el imperio
empresarial de la historia. Fue el tatarabuelo de éste, William Avery
Rockefeller, el que plantó la semilla mediante
la venta de estupefacientes medicinales. El fundador de la saga movía grandes
cantidades de dinero, nunca viajaba con menos de mil dólares de la época en el
bolsillo, vestía con estilo, viajaba con nombres falsos, se alojaba en los
mejores hoteles y a su muerte dejó el dinero suficiente para que un jovencísimo
J.D Rockefeller pudiese invertir en la industria petrolera de Cleveland
cambiando para siempre la historia del mundo empresarial.